Si buscamos información sobre límites, encontraremos que existe una gran cantidad de bibliografía orientada al trabajo educativo con niños y jóvenes.Pedagogos, educadores, agrupaciones de padres, psicólogos, sin olvidar a algunos grupos religiosos nos cuentan las distintas teorías acerca del valor educativo de los límites.
¿Pero qué sucede con los adultos? ¿ De que manera nos ponemos límites entre nosotros?
Muchas veces no sabemos como comportarnos con los demás y terminamos cediendo ante los requerimientos o pedidos del otro en contra de nuestros deseos, de nuestras necesidades e incluso de nuestros valores.
La posibilidad de vivir en armonía con nosotros mismos dependerá de nuestra capacidad de saber cuando decir que "no" a tiempo, y cómo poner freno a comportamientos que consideramos inapropiados para alguna situación en particular.
Poner límites es una manera, ni agresiva ni sumisa de decirle al otro que su forma de actuar no nos satisface. Le estamos mostrando como queremos que nos trate en determinada circunstancia.
Los límites fortalecen la autoestima y nos hacen sentir libres y sobre todo DIGNOS. Si aceptamos pasivamente la injusticia, la ofensa o la invasión estamos admitiendo en los hechos que merecemos ser tratados de esa manera.
La falta de límites marca una tendencia a generar mucho equilibrio externo, en nuestro entorno por ejemplo, a costa de generar un gran desequilibrio interno.
1.- se ponen desde el principio
2. - con creatividad
3.- sin perder jamás la calma
4.- dando las explicaciones necesarias
5.- dando opciones y alternativas
6.- con determinación
Expliquemos cada punto
1.- se ponen desde el principio: Solemos poner límites cuando estamos hartos, cuando ya no damos más, o sea al final. Los ponemos cuando la última gota rebalsó el vaso y eso implica que hmontón de pequeños "no" que no dijimos a tiempo. Al poner los límites al final, dejamos pasar una, dejamos pasar veinte, dejamos pasar doscientos treinta y seis hasta que llega un momento en el que estallamos y perdemos el control. Vomitamos todo el enojo acumulado, toda la presión y de esa manera nunca conseguimos que el otro modifique esa pauta de comportamiento que nos está haciendo daño.
En cambio cuando los ponemos desde el principio, cuando todavía no estamos enojados ni saturados ni molestos, tenemos muchas más posibilidades de ser escuchados y atendidos y esto hara que podamos sentirnos coherentes y fieles a nosotros mismos. Para lograr esto es necesario armar con la otra persona pequeños "preacuerdos" que nos conduciran a ambos hacia un entendimiento armónico.
Pongamos un ejemplo: Vamos a suponer que un vecino nuestro nos llama por teléfono a las 6 y 30 de la mañana (cuando nosotros nos levantamos a las 7!!! ) para preguntarnos si nos llego la boleta de la luz, porque a él aun no y debe estar a punto de vencerse, y a partir de esa llamada nos tenga media hora contandonos los últimos chusmeríos del barrio. Si no ponemos límites desde el principio seguramente nuestra actitud va a ser contestarle la pregunta, escucharlo pacientemente y cortar para quedarnos luego rumiando bronca durante todo el día.
No sería extraño que nuestro molesto vecino al notar nuestra actitud permisiva vuelva a llamarnos en algún horario que a é le convenga sin reparar ni respetar nuestros tiempos. Una solución asertiva (ver asertividad) sería preguntarle o pedirle ni bien nos llama, con firmeza pero de buena manera, si la próxima vez que necesite algo podría llamarnos a las 7 y 30 ya que a esa hora estamos despiertos y levantados. Al preguntarle a la otra persona si estaría de acuerdo en...(lo que sea) estamos sellando un preacuerdo el cual por supuesto esperamos que sea respetado con el fin de continuar disfrutando una realción armónica con aquella persona.
Por eso recordá:
PONE LOS LÍMITES DESDE EL PRINCIPIO
2.- se ponen con creatividad: A veces no alcanza con poner límites simplemente enuncíandolos. Por más claro que intentemos decir las cosas pareciera como si le habláramos a una pared. Notamos que no nos prestan atención, que no tienen en cuenta lo que decimos y que siguen haciendo lo que quieren. No sabemos si nosotros nos quedamos mudos o el otro se quedo sordo, lo que si sabemos es que nos encontramos gritando cosas como "ya te lo dije mil veces" u "otra vez lo mismo..." y la conocida "¿cuantas veces te lo tengo que decir"
¿Qué falló?
Falló la creatividad. Si decimos las cosas "mil veces" y siguen haciendo lo mismo es que nuestra manera de enviar el mensaje no fue la correcta
En algunos casos la palabra no alcanza para poner límites. Hace falta que tomenos acción. Hay que mostrarle al otro de una manera clara e inequívoca que su actitud es perjudicial, pero que no somos nosotros los que vamos a sufrir las concecuencias.
Cuando ponemos límites decidimos ya no ser más las víctimas. Decidimos que cada uno se tiene que hacer cargo de lo que le corresponde de una manera adulta y responsable.
Les cuento el caso de Marita:
Marita es ama de casa, pero también trabaja en un negocio muchas horas por día. Ella tiene 3 hijos adolescentes y llegó a la consulta con un serio problema a la hora de poner límites.
Siente que por más que pida ayuda a sus hijos con las tareas de la casa e intente hablarles, suplicarles, razonar con ellos, gritar, patalear e incluso, cuando ya no da más, insultar, ellos no reaccionan. La respuesta siempre es: "espera un poco..." " si estas tan apurada, hacelo vos", "ya voy...", "que te molesta eso..." "siempre molestando con pavadas" y cosas así.
Está desesperada y no sabe que hacer al respecto. Le hago notar que la palabra ya no alcanza. Que es hora de tomar acción. Y la invito a cambiar el nivel del juego.
A las dos semanas Marita vuelve. Pero ya no es la misma. Entra sonriente, mucho más desenvuelta y hasta parece más alta. Entonces se sienta y lo primero que dice es: ¡¡funcionó!!
Me cuenta que le pidió a su hija de 19 años que saque la basura, "estoy ocupada" fue la respuesta.
Bueno, por favor desocupate y sacala porque ya no hay más lugar en el tacho.
"sacala vos ma, que estas ahí..."
Pero esta vez Marita, que como siempre iba a responder a los gritos, se contuvo, tomó la bolsa de basura, la ató tranquilamente, la llevo a la habitación de su hija y la guardó en su placard. luego volvió a la cocina para seguir con sus cosas.
Al rato se escucho un grito desde una de las habitaciones: -¡¡¡mamaaaaaaá !!! ¿te volviste loca? pusiste la bolsa de basura en mi placard? ¿en que estabas pensando?
-no corazón, contesto Marita con una actitud Zen envidiable. Cada vez que te pida que saques la basura, sacala por favor, porque la próxima vez va adentro de tu cama.
Marita le dijo a su hija mediante esa acción: si vos no haces lo que tenes que hacer, hay consecuencias y no estoy dispuesta a seguir sufriendolas yo.
Por eso no te olvides:
PONÉ LOS LÍMITES CON CREATIVIDAD
3.- sin perder jamás la calma:
Poner límites es un acto de dignidad, de afirmación de nuestros valores y una declaración manifiesta de coherencia, por lo tanto llevar a cabo un acto de estas características azotando una puerta, vociferando o insultando es igual de sutil que peinarnos con un rastrillo.
Al perder la calma, perdemos el control y poner límites significa justamente todo lo contrario. Significa,recuperar el control.
Así que ¿qué puede tener de positivo que para recuperar el control, tengamos que hacerlo perdiéndolo?
Los chinos dicen: Antes de decir algo de mala manera, mejor no digas nada. Y antes de no decir nada, respirá.
Mantengamonos en nuestro eje a la hora de poner límites. No perdamos la paciencia y digamos las cosas con calma aunque sin perder la firmeza.
Por eso no te olvides:
NO PIERDAS JAMÁS LA CALMA AL PONER LÍMITES
Me encantó y me viene mucho más que bien!
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